Lo entiendo, salir a sacar fotos es mi forma de rezar. Es una forma de sumergirse en el mundo, de sacar la atención de sí.
No es distraer, sino todo lo contrario (¿qué extraña ilusión nos hizo confundir medios y fines?).
Es una misa, es decir, un evento que implica un otro. Las fotos son para un otro, aunque ese otro sea hipotético, aunque sea uno mismo solo que más tarde, aunque ese otro no llegue a existir, aunque sea inmediatamente borrada. Un otro momento. La única forma de que no sea para otro es abstenerse de tomarla y solo apreciar el momento. Registrar supone un después.
Una foto es un puente entre dos tiempos.